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Un profesional puede dominar una herramienta digital durante años y, sin embargo, no contar con un reconocimiento formal que acredite sus competencias. Frente a esa necesidad, México desarrolló un modelo de certificación en modelado digital 2D y 3D que busca reconocer formalmente los conocimientos y habilidades de quienes trabajan en el sector y acompañar, al mismo tiempo, los procesos de digitalización de la industria de la construcción.

La iniciativa se desarrolla en el marco de CONOCER, organismo dependiente de la Secretaría de Educación Pública de México encargado de administrar el Sistema Nacional de Competencias. Dentro de este esquema, la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) participa como entidad certificadora y evaluadora, habilitada para acreditar competencias laborales vinculadas a diferentes especialidades de la industria.

Reconocer lo que una persona sabe hacer

Una de las particularidades del modelo es que no se concentra únicamente en la formación recibida, sino en la capacidad efectiva de una persona para desempeñarse de acuerdo con determinados estándares.

Esto permite reconocer tanto los conocimientos adquiridos mediante la formación académica como aquellos desarrollados a partir de la experiencia laboral, otorgándoles una acreditación con reconocimiento oficial a nivel nacional.

En el caso del modelado digital, el estándar tampoco está asociado a un software específico. Lo que se evalúa son competencias de modelación 2D y 3D aplicadas a arquitectura, ingeniería y construcción, independientemente de la herramienta utilizada. De esta manera, el foco se desplaza del dominio de un programa particular hacia las capacidades necesarias para desenvolverse en entornos de trabajo cada vez más digitalizados y avanzar en la adopción de metodologías como BIM.

¿Cómo funciona la certificación?

El proceso se organiza en cinco etapas que permiten identificar las competencias existentes, acompañar la preparación del candidato y evaluar finalmente su desempeño:

  1. Diagnóstico inicial de competencias.
  2. Curso de alineación al estándar.
  3. Evaluación práctica y teórica.
  4. Dictaminación por pares evaluadores.
  5. Emisión del certificado oficial a través de la red CONOCER.

Un aspecto relevante del modelo es la separación entre los roles de capacitación y evaluación. Quien acompaña la preparación del candidato no es quien determina posteriormente si cumple con el estándar, una distinción orientada a preservar la independencia, objetividad y transparencia del proceso.

El curso de alineación tiene una duración aproximada de 24 horas, mientras que la instancia de evaluación demanda alrededor de cinco horas.

Un modelo que alcanza distintas especialidades de la construcción

La certificación en modelado digital forma parte de un esquema más amplio. Actualmente, la CMIC cuenta con alrededor de 46 estándares de competencia vinculados a distintas especialidades del sector, entre ellas supervisión de obra, operación de maquinaria, soldadura, formación de instructores y competencias inmobiliarias.

Esta diversidad permite pensar la certificación como una herramienta para acompañar la profesionalización de distintos perfiles que intervienen en la cadena de valor de la construcción, estableciendo referencias comunes sobre los conocimientos y capacidades necesarios para desarrollar determinadas funciones.

A su vez, contar con procesos estandarizados y acreditaciones oficiales puede contribuir a que empresas y trabajadores dispongan de parámetros más claros al momento de contratar, evaluar capacidades y planificar procesos de formación y desarrollo profesional.

Profesionalización y transformación digital

A medida que la construcción incorpora nuevas metodologías y herramientas digitales, las competencias necesarias para trabajar en el sector también evolucionan. El desafío ya no pasa únicamente por ampliar la oferta de capacitación, sino también por contar con mecanismos capaces de validar que esos conocimientos pueden trasladarse efectivamente a la práctica.

El modelo desarrollado en México propone una respuesta a ese desafío mediante la combinación de estándares de competencia, evaluación independiente y reconocimiento oficial.

La experiencia abre, además, una oportunidad para pensar modelos similares en otros países de América Latina. Avanzar hacia mecanismos de certificación reconocidos puede contribuir a fortalecer los perfiles profesionales, acompañar la adopción de BIM y otras metodologías digitales y generar mayor confianza entre trabajadores, empresas e instituciones.

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